martes, 27 de mayo de 2014

La Niñera



Julio se encontraba en un viaje de negocios fuera del país, pero su hijo Chris se tuvo que quedar en casa. Chris es un chico de 6 años, pero sus profesores decían que era demasiado inteligente para su edad, lo cual preocupaba aún más a su padre, porque no era solo inteligente, era un caso  de autismo. Como a cualquier padre a Julio le preocupaba tener que dejar a su hijo con una niñera, pero a diferencia de los demás padres, Julio se preocupaba por la niñera, no por su hijo. Pero no tenía opción, pues su familia vivía en otra ciudad, y su madre había muerto en un accidente de tránsito cuando Chris tenía apenas 1 año.

Después de haber buscado la que le parecía la niñera más adecuada en un directorio, la llamó y le comentó el caso de autismo de su hijo, ella aceptó, pero con un aumento en la paga, esto Julio ya se lo esperaba, pues otras personas ya le habían dicho acerca de la opción de dejar a Chris con una niñera cuando no estuviera en el colegio y Julio tuviera que salir, pero Julio tomaba esa opción como algo válido, pues se preocupaba mucho por Chris puesto a condición de salud, entonces Julio lo llevaba con él a donde él fuera. Pero esta ves no pudo llevárselo consigo, pues al ser el viaje en el exterior, Julio no poseía la capacidad económica para llevarlo, así fue cómo dejó al amor de su vida en manos de una extraña.

Julio salió al aeropuerto a las 3:00 a.m pues su vuelo despegaba a las 5:00 a.m, la niñera llegó a las 1:00 a.m para que Julio le diera algunas últimas recomendaciones, y que la niñera organizara todas sus cosas para lo que sería un viaje de dos días y una noche cuando su padre partió Chris lo despidió con un beso en la mejilla y luego subió a su habitación, para encender la computadora.

Mientras Chris estaba en su habitación la niñera se quedó en el primer piso, preparando el desayuno, un emparedado de jamón y mermelada. A las 7:00 a.m la niñera llamó a Chris a desayunar, Chris cerró su sesión de Facebook y bajó, al pasar por la sala, que estaba de camino a la cocina, entonces notó algo extraño, los ojos de la niñera estaban rojos, o al menos eso pensó por unos momentos, pues decidió apartar la vista apenas los vio, entonces se fue directo a la cocina, donde encontró su emparedado en la mesa, se sentó y se llevó su emparedado a la boca, pero notó algo extraño en el sabor, pero no identificaba lo que era, trató de recordar lo que era, entonces se acordó del verano pasado, se cayó de su bicicleta y se raspó, entonces saboreó su brazo. El recuerdo lo hizo vomitar en ese instante, pero limpió su vomito, pues no quería demostrarle temor a la niñera, de la cual supo desde el principio que era rara. Al salir de la cocina, fue rápidamente a su habitación, pero antes, al pasar por la sala, la niñera le dedicó una sonrisa que a cualquiera le hubiera causado escalofríos.

Chris cerró su puerta, se sentó sobre su cama y la observó fijamente, podía escuchar como la niñera subía poco a poco los escalones, su paso lento pero continuo creaba una sensación de pánico en Chris. Era más que suficiente, Chris tomó su teléfono y digitó las teclas del 911, pero justo antes de presionar la tecla para efectuar la llamada, el teléfono perdió la señal. La niñera llamó varias veces a la puerta, Chris temblaba en su cama mientras la niñera seguía llamándolo, con una voz grave y lúgubre.

Chris se levantó de la cama y caminó lentamente hacia la puerta, le dijo a su niñera que se fuera, pero esto fue una mala decisión. La niñera comenzó a embestir la delicada puerta de madera, los trozos de madera y astillas volaban tras cada impacto. Chris rompió la ventana, salió de su habitación y salto en una rama del frondoso árbol que crecía al costado. Chris descendió poco a poco por el tronco, hasta llegar a la superficie terrestre. Chris estaba bastante preocupado y lo primero que se le vino a la mente fue salir corriendo ala estación de policía más cercana, pero la encontró vacía, aunque la puerta estaba abierta, en la pared encontró un mensaje escrito con sangre que decía: -Tu niñera te quiere cuidar- Justo antes de recibir una puñalada en la espalda.

-Autores: Carlos Buitrago, con colaboración de Andrés Jaramillo

Encuesta

martes, 20 de mayo de 2014

El último pasillo

Jonathan Álvarez había conseguido el empleo por Internet, el jornal era bajo, pero para un nuevo comienzo, algo es algo. La decisión había sido difícil, abandonar su amada patria por una tierra desconocida fue un hecho que cambiaría radicalmente su vida. Tras ir por el sueño americano, Jonathan sufrió lo que todo inmigrante promedio sufre para poder pasar los estrictos controles de la ley y el orden, pero lo había conseguido, había dejado atrás el coladero.

Su trabajo era simple, era el encargado del mantenimiento durante los días martes, jueves y domingo de una sofisticada tienda de empeños. Los artículos de la extensa tienda eran principalmente antigüedades, trastos inútiles que la gente va a vender por dinero, para posteriormente gastarlo en una tontería del siglo XXI.

Pero lo más interesante estaba allá atrás, en los últimos pasillos, donde el sol no alcanzaba a irradiar sus poderosos rayos, donde el olvido se había apoderado de la tienda. Los objetos “malditos” que allí se encontraban espantaban a cualquiera, nadie quería asomar su preciosa alma por esos recónditos lugares, donde los altas vitrinas abarrotadas de toda clase de trastos mezclaban la maldad en un solo organismo, asustando a cualquier cretino valiente que por allí pasara.

Jonathan debía quedarse hasta muy tarde, debía organizar todos los desastres y desordenes que los consumistas clientes americanos causaban en el establecimiento, debía dejar brillando todo el lugar, para que al siguiente día una nueva oleada de zoquetes lo dejara como el día anterior. La mayoría de pasillos ya habían pasado por su limpieza noctívaga, seguía el majestuoso pasillo final, una capa de suciedad recubría el brillante piso de mármol que fue alguna vez brillante.

Eran las 12 de la madrugada, Jonathan ingresó al lóbrego pasillo, sentía como su piel se erizaba al pasar junto a los horribles objetos que había alrededor, sentía como esos “exánimes” objetos dirigían su fría mirada hacia él. Ya se hallaba a la mitad del pasillo, la oscuridad abarcaba todo el espacio, era menester hacer un cambio de bombillas al día siguiente. Escuchó los sollozos, la tenue voz lloraba a lo lejos, Jonathan volteó y lo vio, el pequeño muñeco de trapo lo observaba con su triste y pálida mirada melancólica.

Estaba allí sentado, al comienzo del pasillo, incómodo por la osadía del mancebo. Jonathan comenzó a sentir frío, las ráfagas de brisa sacudían su frágil cuerpo de humano. Quería salir de allí, quería apartarse de ese maldito, quería irse a casa, quería escapar. El sudor invadía el cuerpo de Jonathan mientras este temblaba, el muñeco comenzó a ladear su cabeza. Jonathan vio el pequeño movimiento, se sobresaltó, se volteó y se echó a correr.

Mientras corría torpemente por el apretado pasillo escuchaba esas voces, almas murmurándole insultos e imprecaciones, los murmullos enloquecían a Jonathan. El pasillo se alargaba, los murmullos se incrementaban, la tensión ocupaba el lugar. Jonathan se tropezó y cayó, una fuerza evitó que siguiera avanzando, sentía como lo agarraba de la pantorrilla y lo arrastraba de vuelta a su lugar de origen.

La sangre de su nariz marcaba una línea por todo el pasillo, Jonathan no podía gritar, sentía que su garganta era aplastada, sentía como esa fuerza le impedía luchar. Jonathan lloraba, pensaba en lo poco que había vivido, sus lágrimas caían sobre el suelo. De un tirón repentino, Jonathan fue levantado, le dieron vuelta y quedo observando el final del pasillo, donde la amorfa sombra flotaba.

Sus gigantes ojos blancos emanaban lágrimas negras, que manchaban su horrible rostro anaranjado. La figura abrió la boca y vociferó: “LARGATE DE AQUÍ MALDITO”. Jonathan salió disparado con una colosal velocidad, su cuerpo atravesó el ventanal de la tienda, el cual se rompió en mil pedazos, siguió con el mismo impulso, un segundo después su cuerpo fue destrozado por el ebrio conductor que conducía su camioneta a exceso de velocidad. El cuerpo de Jonathan quedó irreconocible, sus huesos de pulverizaron, y sus órganos descansaban sobre la carretera.


“Nadie debe invadir su territorio, nunca jamás. Nadie debe tratar de ocupar lo que es suyo.”

-Autor: Andrés Jaramillo
*Imagen tomada de: http://de10.com.mx/13388.html

domingo, 18 de mayo de 2014

A la espera


La noche recaía sobre mí, mire al cielo, pero la oscuridad lo abrumaba, no se decir cuando empezó, pues se oscureció muy rápido, tan rápido como lo que dure en darme cuenta que debía volver a casa, pero algo en mi interior me decía que debía quedarme esa noche ahí, pues algo importante iba a pasar, entonces confíe en mi instinto, entré a una pequeña cafetería 24/7, me senté al lado de una ventana, y me propuse esperar, fue algo muy raro, pues esperaba algo lo cual no sabía si en verdad iba a suceder, y sin saber tampoco que era lo que iba a suceder, no sabía si era algo bueno o algo malo, hasta que empecé a sentir escalofríos, no sabía si esto era por simple miedo, o si era un aviso de que algo malo iba a suceder, pero no pude con la tentación, y seguí allí, esperando. Entonces, supe que los escalofríos si eran una señal, lo supe porque de repente oí un ruido, voltee a mirar y era la puerta, que se habia cerrado de repente, con llave. Fui a buscar al mesero, lo encontre atrás de la barra, muerto. Tenía sangre en la boca, pero ninguna herida en el resto de su cuerpo, entonces allí estaba, en la ventana, una figura humana, aterradora entonces desapareció, se fue de mi vista, pero la sentí detrás mío. Entonces desperté, seguía en la cafetería, el mesero seguía vivo y todo parecía normal, pero, entonces, volví a ver a la figura, a través de la ventana, oí el grito del cocinero, fue ahí cuando me di cuenta, había caído en su trance, el trance de la espera, no había escapatoria, me arrepiento de mi preocupación continua. El trance, ése trance.... Se apoderó de mi.

-Autor: Carlos Buitrago
*Imagen tomada de: http://joseramoncarballo.blogspot.com/2012/07/el-cuadro-de-la-semana-mujer-solitaria.html

martes, 13 de mayo de 2014

Persecución



Las horribles criaturas estaban por doquier. Steve Nixon trataba de huir, escaparse de sus mugrientas garras afiladas. Las voraces criaturas no permitían ni un minuto de tranquilidad, se abalanzaba con toda su fuerza sobre el pequeño coche de Steve causando hendiduras sobre todo el techo, el capó y el maletero del destartalado vehículo, dejando una horrenda mancha de sangre sobre cada una de ellas.

No podía verlas, lo único que alcanzaba a ver eran esos horribles ojos inyectados en sangre, que reflejaban la maldad y el odio. El parabrisas seguía intacto, ninguno de esos seres logró romper el resistente vidrio reforzado que le había instalado a su vehículo. Los rugidos eran cada vez mayores, el sudor recorría la frente de Steve, sus manos temblaban, e intentaba mantenerse en la carretera.

Podía escapar, podía llegar al pequeño motel Luxemburg antes de que lo hicieran colisionar, había esperanzas, había salvación. Los seres vociferaban ininteligibles chillidos, estos retumbaban en el tímpano de Steve. A lo lejos podía ver el motel, su salvación, lo ayudarían, lo resguardarían de los espantos nocturnos que lo perseguían, los que querían arrancarle las entrañas.

Piso a fondo el acelerador, el vistoso letrero de neón brillaba y emitía ondas continuas de luz incandescente. Solo faltaban 1000 metros, 800, 500, los aullidos se escuchaban cada vez más cerca, 400, 300, Steve podía distinguir a pesar de la oscuridad el amorfo cuerpo de sus cazadores, una forma humana que avanzaba como un leopardo. Sentía la presencia de esos inhumanos ojos encima, 200, 100, 50, antes de llegar a los 20 recibió un golpe en el lateral izquierdo del vehículo, perdió el control y colisionó directamente contra la habitación 104.

Su cabeza daba vueltas, veía como el hollín emanaba del motor del vehículo, sentía un líquido ardiente sobre la frente, sangre por supuesto. No había acabado, sus monteros estaban cerca, muy, muy cerca. Steve saltó de su asiento, corrió hacia la recepción.

-¡Ayuda por favor!¡Alguién!- El dolor aumentaba en su pantorrilla, sin dudas era una fractura.

Se debilitaba, la sangre fluía lentamente, las gotas bajaban a través de la pálida piel, dejando una sensación ardiente a su paso. El paso de Steve  era lento, el peso de su cuerpo le impedía avanzar. Steve gritaba de dolor, su lesión enviaba punzantes mensajes a su cerbero. Nadie salía, nadie lo escuchaba, estaba solo, estaba abandonado.

Las criaturas olían el miedo de Steve, sentían como el pánico se apoderaba de todo su ser, como lo entorpecían, como lo mataba lentamente. No podía escapar, no podía huir, estaban relativamente encima de él. Steve se arrastraba como podía, sus lágrimas se mezclaban con la sangre que fluía de su nariz, la muerte estaba a tan poca distancia.

Los monstruos infernales entraron al parking del motel, corrían con toda la velocidad que podían. Steve empujo con todo su peso la puerta de entrada, cayó sobre el felpudo  y observó como las criaturas frenaron en seco, observándolo a través de las ventanas y el cristal de la puerta.

Evan Clinton escuchaba música rock a todo volumen en sus recién comprados audífonos, aislado de la realidad, no escuchó los elevados gritos que salía de la boca de Steve. Tras observar al malherido hombre caer frente a él, intento ayudarlo, el hombre temblaba y estaba cubierto en sangre, toda su ropa, todo su cuerpo.

-¡Amigo tienes que ayudarme, me persiguen, por favor!- Decía Steve mientras zarandeaba los hombros de Evan.
-Relájate amigo ¿Quién te persigue?- Respondía Evan.
-¡Esos sucios demonios, son miles, millones, por favor, están afuera por todos lados¡- Los sollozos de Steve eran agudos.

Evan se asomó en la ventana, Steve veía como las infernales criaturas saltaban sobre el cuerpo de Evan. No podía permitirlo, no permitiría que su joven salvador muriera, estaba harto de esos repugnante seres, si no hacia algo morirían tanto él como Evan. Más de cinco criaturas saltaron sobre el delgado cuerpo de Evan, otras cuantas rompieron las ventanas y entraron en la recepción. Steve tomó un paraguas y comenzó a atacar a sus enemigos, el paraguas silbaba con cada movimiento, Steve logró propinar varios golpes a los seres.

Steve logró llegar hasta Evan, trataba de quitarle los seres de encima, movía su paraguas de lado a lado, pero Evan perdió el equilibrio y cayó. Mientras las criaturas lo arrastraban hacia el mostrador Steve seguía blandiendo su paraguas, se acercaba lo más rápido que podía.

-¡NO LO PERMITIRÉ!- Vociferaba Steve, un segundo antes de propinar un golpe a los seres sintió un terrible dolor en el pecho, se tocó y había sangre, todo le daba vueltas. Steve perdió el equilibrio y cayó sobre el suelo de cerámica, podía ver su propia sangre, derramada por todo el gélido suelo. Todas las criaturas lo observaron con detenimiento, con su mirada fría, Steve agonizaba. En ese instante se abalanzaron sobre él, cinco segundos después, Steve estaba muerto.

Era defensa personal. Evan no podía permitirse que lo golpeara cualquier viejo loco, el hombre estaba totalmente demente, pensaba que unas extrañas criaturas lo perseguían. Luego, parece que tuvo un ataque esquizofrénico y comenzó a atacarlo con un paraguas. Evan no tuvo opción, sacó su Beretta 92, que estaba escondida tras el mostrador y le propinó un tiro al hombre, lo que lo mató.

"No podía escapar, por más que quisiera, por más que lo deseara, era imposible que lo lograra. El mugroso humano pecador estaba encerrado, nadie puede escapar de sí mismo. Tras asesinar a su esposa, Steve huyó en su coche, pero no lo permitiríamos, no se saldría con la suya, pagaría, será juzgado, nosotros nos encargaremos de ello. Somos su conciencia, somos su cordura."


domingo, 11 de mayo de 2014

La cadena Ojos-Alma



Eran las 12:00 Pm, Catelyn estaba caminando por las oscuras y desoladas calles de Jacksonville, pero ella se preguntaba, en realidad eran tan desoladas como lo creían los demás, como ella quería que fuese? o como lo sentía en su interior? sabía que los sentidos nos engañan a todos, pero aún y con eso se seguía sintiendo observada, con ojos clavados en su espalda, en lo más oscuro de la opacidad en el aire, sabía que los muertos la podían observar, pero ella sentía que lo que la observaba eran vivos, esto era lo que la preocupaba, tampoco sabía cuantos eran los que la miraban pues sentía los ojos clavados en todas las partes de su cuerpo creando una ilusión de tener mil ojos clavados en su espalda, ella no sabía si la estaba observando sólo uno o varios de estos. Tampoco conocía sus intenciones, no tenía ni la menor idea del por qué ni el cómo de sus miradas, tan sólo las sentía.

No pudo aguantar más, se dio la vuelta, y lo que vio no fue muy satisfactorio para ella, pero sentía que si no se daba la vuelta, sería peor para ella. Pero entonces lo vio, una persona, o al menos eso le parecía, pues vió una forma humana, corpulenta, después de haber sentido tantas miradas, algo le llamó la atención, no pudo ver los ojos de este ser, sólo vio que traía algo en la mano, pero no alcanzó a divisarlo bien, entonces echó a correr. Pero no fue un acto voluntario, simplemente su cuerpo así lo hizo. Pues sabía que algo malo estaba a punto de suceder, oyó que los pasos del ser también se aceleraron, hasta el momento en que empezó a correr, pues sólo duro unos 3 minutos, y así como su cuerpo la obligo a correr, éste le impuso la necesidad de ceder, fue decreciendo la velocidad lentamente, lastimosamente después de que la alcanzó y ella olió el el olor agradable del cloroformo, pues cuando se dejó caer, ya no supo más.

Al siguiente día se levantó, no pudo mirar a su alrededor porque tenía algo en la cara que le impedía ver hacia el exterior, pero inmediatamente supo donde se ubicaba al oír enfermeras hablando y al oler enfermedad, se encontraba en un hospital, gritó, pero nadie le prestó atención, oyó que la televisión de su habitación estaba encendida, como no podía verla se propuso a escucharla, estaban dando las noticias de las 9 Am, así que ya tenía una idea de la hora en la que se encontraba, entonces escuchó su perdición, la noticia decía así: Se encontró cuerpo en callejón de Jacksonville, víctima de un ataque que no dejó rastros, sólo se encontró que le arrancaron los ojos. Ahí fue cuando lo supo, el dicho es verdadero: Los ojos son el espejo del alma. Y para acabar con su martirio, tendría que desconectar el alma de otro, como lo habían hecho con ella, y así, continuar con la cadena.

-Autor: Carlos Buitrago

martes, 6 de mayo de 2014

Dross cuenta 3 historias de terror

Hola a todos osados lectores, hoy les traemos un vídeo de referencia realizado por DrossRotzank en el que nos cuenta tres relatos de terror similares a los que compartiremos con todos ustedes y de nuestra autoría, OJO este es solo un ejemplo, no contará como historia escrita por nosotros.



Video por DrossRotzank.
Links de referencia:
*Canal de Youtube:


domingo, 4 de mayo de 2014

Realidad adversa



La venta de garaje recién había concluido, todos los compradores ya emprendían el viaje a casa. Adeline no se iba con las manos vacías, había comprado varios objetos que aunque pareciesen innecesarios y anticuados, ella los veía como toda una ganga. Adeline era una chica recién casada que tenía cierto interés por las ventas de garaje, estos eventos le parecían una oportunidad de conseguir objetos a bajo costo y que, según ella, algún día podrían conseguir un alto valor. Todo lo que empezó con un leve interés ahora se había convertido en una obsesión, tanto así, que ya tenía una de sus habitaciones repleta de chécheres y trastos que compraba en todas las ocasiones.

En esa hermosa soleada tarde de enero había visto un objeto que automáticamente llamó por completo su atención, era un hermoso anillo de plata con una reluciente gema naranja octogonal, que era rodeada por una especie de collar en relieve. Además de estar bastante intacto, tenía un precio sorprendentemente bajo. Adeline lo compró, pagó únicamente un dólar por él, misteriosamente el propietario se alegró profundamente, era como si sintiera un agudo deseo de deshacerse del accesorio.

Un sentimiento de extrañeza se apoderó en el momento de Adeline, pero en el transcurso de la tarde lo olvidó. Cuando se dirigía a su vehículo, decidió probarse el nuevo accesorio, le quedaba fantástico, entonces inició su recorrido. El auto avanzó media manzana cuando, inesperadamente, un fuerte zumbido comenzó a manifestarse. El fuerte ruido era penetrante, Adeline sentía como el poderoso ruido carcomía sus entrañas, cada vez más, el incesante ruido se hacía más y más intenso. Adeline le costaba mantenerse en equilibrio, perdió el control de su auto y se estrelló violentamente contra un abedul en la acera izquierda.

Cuando volvió en sí, Adeline salió de su auto. Se había estrellado contra el lindo árbol que había frente a su casa ¿Cómo era posible? Apenas había recorrido media manzana y se suponía que su residencia se encontraba a más de cinco. El ambiente había cambiado radicalmente, era de día pero el cielo estaba completamente sumergido en nubes grises, el lúgubre ambiente era complementado por la soledad, la calle estaba vacía, no había ningún rastro de vida. Todas las viviendas estaban cerradas y por una extraña razón ahora tenían un aspecto más deteriorado, tenían rastros de moho, las paredes estaban manchadas de suciedad, algunas ventanas estaban destrozadas y era evidente que necesitaban una nueva capa de pintura. Pero no eran solo las casas, la carretera, la acera, las señales, los hidrantes y las cañerías también tenían el mismo efecto ¿Qué estaba ocurriendo?

Adeline corrió hacia su casa, sacó las llaves de su bolso y descubrió que ninguna encajaba, así que sacó su teléfono celular y discurrió en llamar a su cónyuge pero su teléfono no funcionaba, por una extraña razón toda la pantalla no dejaba de producir escalofriantes imágenes acompañadas de gritos de dolor. El ruido de los gritos se acrecentaba, Adeline observaba como las bombillas de los postes de iluminación reventaban y las minúsculas partículas de cristal se estrellaban contra el pavimento.

En un momento, el ruido cesó y una oleada de frío intenso golpeó contra su delicado cuerpo, la ráfaga de viento arrancaba las hojas de los árboles y estos se arremolinaban en el suelo. Pero hasta ahora era el comienzo. Adeline lo escucho con total claridad, el individuo que se acercaba caminaba con tal rapidez que podía distinguirlo a pesar de la oscuridad que se apoderaba con cada vez más velocidad la abandonada calle.

Era un hombre alto, con cabello largo, bastante robusto, pero aún estaba demasiado lejos, así que Adeline no podía apreciar su rostro.

Sin embargo, a Adeline le alegraba contar con la presencia de otro humano y sin pensárselo dos veces corrió en dirección al extraño individuo, lo lamentó por completo. El individuo estaba vestido completamente en un traje negro lleno de arpones, puntillas, alfileres, chinches y demás que se incrustaban en su piel. Adeline podía ver como la sangre brotaba de su piel y se derramaba a lo largo de todo su cuerpo, su rostro estaba cubierto de una horrenda máscara  hecha en cobre, pero ella lograba ver sus diabólicos ojos rojos y sus cuarteados labios bañados en sangre.

La criatura comenzó a emitir un desgarrador chillido agudo de maniático, comenzó a temblar y rápidamente sacó un oxidado machete manchado de lo que parecía sangre seca y lodo. El individuo se abalanzó sobre Adeline, esta vez con una risa que le erizaría los pelos a cualquiera.

Adeline se echó a correr, sentía cada vez más cerca al macabro hombre, más y más cerca, sentía que la calle se hacía cada vez más larga y notaba que el cielo se oscurecía con mayor rapidez. Pronto, Adeline logró llegar a su residencia, tomó una gran roca que había en su jardín frontal y rompió una de sus ventanas. Escaló lo más rápido que pudo, pero el machete cortó levemente su espalda. Al caer sobre la esponjosa alfombra que cubría la sala de estar, se palpó la espalda y descubrió que estaba toda cubierta en sangre, parecía que el corte había sido un poco más profundo. El hombre había desaparecido y ya comenzaba a sentir punzadas de dolor en su supurante herida, el suelo estaba totalmente bañado en su propia sangre, Adeline presionó el interruptor pero las luces no encendieron.

En ese instante, Adeline lo escuchó con total claridad, era su esposo, el amor de su vida, gritaba. Los horribles gritos que emitía provenían de la planta superior, Adeline se dirigió al comienzo de las escaleras y percibió que una sustancia negra viscosa se deslizaba por ellas. Adeline no le prestó mucha atención y comenzó a subir lentamente los escalones, el dolor en su espalda iba en constante aumento, las punzadas le impedían subir con mayor rapidez.

Cuando por fín llegó hasta arriba se encontró con una escena totalmente distinta a su casa habitual, el tapiz de las paredes estaba totalmente rasgado, había manchas de sangre y de la sustancia por todos lados. Su dormitorio estaba cerrado, podía ver que la luz estaba encendida y sin dudas, los gritos de su esposo venían de allí adentro.

Se armó de valor y tomó un bate de beisbol que le pertenecía a su cónyuge, se dirigió al dormitorio, tomo el picaporte y abrió la puerta con brusquedad. Y allí estaba, acostado sobre la cama amarrado por cadenas, su piel había desaparecido, los trozos de carne estaban regados por toda la habitación. Los gemidos eran cada vez más débiles y sus ojos solo evidenciaban un profundo sentimiento de dolor. El autor de tan atroz crimen se hallaba allí observando a Adeline a través de la máscara que protegía su identidad. El individuo solo gesticulo unas palabras acompañadas de una torcida sonrisa: “Has comprado la muerte, has recibido muerte”, antes de que se abalanzara sobre ella.


La policía revisó las cámaras de seguridad de la casa y la calle tras hallar los cuerpos de Adeline y su esposo. Después de salir de la venta de garaje, Adeline condujo su auto con un exceso de velocidad, perdió el control tras pasar sobre un bache y se estrelló en el abedul frente a su casa, el golpe fue demasiado brusco y expulsó violentamente a Adeline de su auto, lo que causó que se estrellara de espaldas contra el árbol, el cual tenía una gran rama que se incrusto directamente en la espalda de Adeline. Sin embargo, ella se levantó y rompió la ventana de su propia casa, tomó un machete que había en su jardín frontal y entró en la residencia, subió, tomó un bate de su esposo y tras encontrarlo viendo televisión en el dormitorio lo golpeó salvajemente hasta dejarlo inconsciente, tras eso, comenzó a rebanar su cuerpo. Su esposo murió desangrado y ella, se suicidio cortándose el cuello con el machete tras la muerte de su esposo. En cuanto al anillo, no se sabe nada.

-Autor: Andrés Jaramillo
*Imagen tomada de: http://xn--quesignificasoarcon-83b.blogspot.com/2013/06/que-significa-sonar-con-sangre.html#.U3JEb4F5OME

jueves, 1 de mayo de 2014

Más que sólo problemas



Me encontraba en una fría noche de inicio de otoño, estaba en mi habitación, totalmente sólo,trayendo a mi mente viejos tiempos, en los cuales la lluvia era el único problema que me acompañaba, no sabía el por qué de ese sentimiento que me fatigaba cuando me encontraba sin nada que hacer. Ese era uno de esos momentos. Me encontraba hace unas dos horas sentado, impasible, al lado de la ventana de mi habitación, una ventana clásica, sin muchos adornos, un madero de roble sencillo, pero normalmente no soy muy detallista, sólo lo soy en estos momentos, la sombra de mi pasado era lo que me preocupaba, una vida sin ningún objetivo a futuro, y ningún logro pasado, mi vida resumida: un sinfín de dudas y decepciones, por eso en estos momentos es cuando me empiezo a preocupar. La preocupación me conlleva al miedo, este miedo lo siento frío, en lo más profundo de mis huesos, pero si tan sólo fuera el sentimiento, el pánico real es cuando llega el miedo en físico, todas las noches como esta se me aparecía, una sombra detrás de la cortina que se iba acercando lentamente pero para cuando estaba lo suficientemente cerca me quedaba dormido por alguna extraña razón.
No lo entendía en lo absoluto, así que la última vez decidí hacer algo, y lo que hice fue remover las cortinas para que así cuando apareciera lo viera directamente, y esa noche me puse la tarea de realizar lo que las demás veces hacía, esperar. Como ya lo había dicho, estaba hace 2 horas esperando,pero sin conseguir resultados, entonces, de repente, sentí un escalofrío que recorrió todo mi ser, de los pies a la cabeza, piso de abajo, pero no desvié la mirada ni por un segundo, continúe viendo la ventana donde días atrás sero no deje de ver la ventana pues sentía que en cualquier momento podría aparecer, oí unos ruidos en el pe encontraba una cortina, después de unos instantes sentí unos dedos, helados como la lluvia que se encontraba en el exterior, estos dedos me estaban agarrando los tobillos, pero cuando me traté de voltear la vista ya era demasiado tarde, no podía desviarla de la ventana, los dedos fueron subiendo lentamente, cuando llegaron a mi cabeza, me taparon los ojos y me quedé dormido. A la mañana siguiente me levanté, sólo pude concluir algo  del incidente, la sombra de mis problemas siempre me seguirá, por mucho que trate de encontrarlos no los podré desviar, pues si hubiera sido más sensato, y no me hubiera fijado tanto en ellos, no me seguirían. por mucho que lo intente no podré separarme de ellos, de esto me arrepiento, pues ahora en todo momento siento unos dedos helados, alrededor de mis tobillos.

-Autor: Carlos Buitrago.
*Imagen tomada de: http://www.mdzol.com/nota/402779/