Me encontraba en una fría noche de inicio de otoño, estaba en mi habitación, totalmente sólo,trayendo a mi mente viejos tiempos, en los cuales la lluvia era el único problema que me acompañaba, no sabía el por qué de ese sentimiento que me fatigaba cuando me encontraba sin nada que hacer. Ese era uno de esos momentos. Me encontraba hace unas dos horas sentado, impasible, al lado de la ventana de mi habitación, una ventana clásica, sin muchos adornos, un madero de roble sencillo, pero normalmente no soy muy detallista, sólo lo soy en estos momentos, la sombra de mi pasado era lo que me preocupaba, una vida sin ningún objetivo a futuro, y ningún logro pasado, mi vida resumida: un sinfín de dudas y decepciones, por eso en estos momentos es cuando me empiezo a preocupar. La preocupación me conlleva al miedo, este miedo lo siento frío, en lo más profundo de mis huesos, pero si tan sólo fuera el sentimiento, el pánico real es cuando llega el miedo en físico, todas las noches como esta se me aparecía, una sombra detrás de la cortina que se iba acercando lentamente pero para cuando estaba lo suficientemente cerca me quedaba dormido por alguna extraña razón.
No lo entendía en lo absoluto, así que la última vez decidí hacer algo, y lo que hice fue remover las cortinas para que así cuando apareciera lo viera directamente, y esa noche me puse la tarea de realizar lo que las demás veces hacía, esperar. Como ya lo había dicho, estaba hace 2 horas esperando,pero sin conseguir resultados, entonces, de repente, sentí un escalofrío que recorrió todo mi ser, de los pies a la cabeza, piso de abajo, pero no desvié la mirada ni por un segundo, continúe viendo la ventana donde días atrás sero no deje de ver la ventana pues sentía que en cualquier momento podría aparecer, oí unos ruidos en el pe encontraba una cortina, después de unos instantes sentí unos dedos, helados como la lluvia que se encontraba en el exterior, estos dedos me estaban agarrando los tobillos, pero cuando me traté de voltear la vista ya era demasiado tarde, no podía desviarla de la ventana, los dedos fueron subiendo lentamente, cuando llegaron a mi cabeza, me taparon los ojos y me quedé dormido. A la mañana siguiente me levanté, sólo pude concluir algo del incidente, la sombra de mis problemas siempre me seguirá, por mucho que trate de encontrarlos no los podré desviar, pues si hubiera sido más sensato, y no me hubiera fijado tanto en ellos, no me seguirían. por mucho que lo intente no podré separarme de ellos, de esto me arrepiento, pues ahora en todo momento siento unos dedos helados, alrededor de mis tobillos.

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